viernes, 11 de noviembre de 2016

nigromancia

        esta mañana la radio me ha enterado (pero me vacía,
        con ello,
        aún)
        de la muerte de Leonard Cohen,
        que se quería morir, que no
        se quería morir

        Tere, tu hermana mayor, me dejó, en préstamo
        que no tuvo vuelta,
        una edición bilingüe de sus poemas,
        pero durante muchos años a mí sólo me ha importado,
        de él,
        una canción
       
        Cohen gasta el título, desde su apellido, de sacerdote, y yo,
        subeato, sigo
        el escándalo de su palabra,
        y visito el conventillo de Susana, cerca del río (cerca
        de todos los ríos),
        otra Ofelia
        tarada,
        por que me regale,
        para tocarla,
        y recojo,
        cuando desplaya, en las orillas de este otro grau
vell,
        los pecios de un cristo roto, abismado, por poco
        humano,
        por si pudiera tocar mi cuerpo (im)perfecto
        todavía

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