esta mañana la
radio me ha enterado (pero me vacía,
con ello,
aún)
de la muerte de
Leonard Cohen,
que se quería
morir, que no
se quería morir
Tere, tu
hermana mayor, me dejó, en préstamo
que no tuvo
vuelta,
una edición
bilingüe de sus poemas,
pero durante
muchos años a mí sólo me ha importado,
de él,
una canción
Cohen gasta el
título, desde su apellido, de sacerdote, y yo,
subeato, sigo
el escándalo de
su palabra,
y visito el
conventillo de Susana, cerca del río (cerca
de todos los
ríos),
otra Ofelia
tarada,
por que me
regale,
para tocarla,
y recojo,
cuando
desplaya, en las orillas de este otro grau
vell,
los pecios de
un cristo roto, abismado, por poco
humano,
por si pudiera
tocar mi cuerpo (im)perfecto
todavía
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